6.1.08

2007, UN AÑO PARA OLVIDAR

Recientemente he realizado en una rueda de prensa un balance de lo que ha supuesto el pasado año para Puerto Real y una valoración de lo que puede suceder en el recién estrenado año. El 2007 ha sido claramente uno de los peores años para Puerto Real en mucho años, y ese análisis lo centro en dos aspectos fundamentales. En primer lugar, el cierre de DELPHI que ha supuesto un mazazo laboral para una Bahía ya bastante castigada por el paro. Pero no solo hay que destacar el efecto laboral, sino económico y social que este cierre va a suponer en el ánimo de los trabajadores y sus familias que han visto como han desaparecido de sus propias narices y en un tiempo record, los compromisos de mantener unos puestos de trabajo estables y cualificados, a pasar a engrosar las listas del INEM con la única perspectiva de la prejubilación, los menos, o la incorporación a un nuevo puesto de trabajo en peores condiciones y con la incertidumbre de la adaptación a un nuevo puesto de trabajo y de la estabilidad del mismo. Otros, por el contrario, no tendrán otras opciones más que las de buscar empleo en otras localidades, provincias o regiones españolas que ofrezcan una mayor garantía de poder seguir una vida laboral más digna y estable, aunque sea a cambio de alejarse de sus familias y de su tierra.
El otro aspecto negativo que nos deja el pasado año ha sido, esta vez ya en el aspecto plenamente político, la frustración por la imposibilidad de provocer un cambio político en el Ayuntamiento de Puerto Real. Durante la pasada campaña para las elecciones municipales, el ambiente que se percibía entre la población puertorrealeña era la necesidad de un cambio político ante el hartazgo de la verborrea mareante de José Antonio Barroso y su equipo de gobierno que demostraban día a día su incapacidad para sacar adelante los problemas que acucian a Puerto Real. Todos daban por hecho que el tandem Ana Mosquera-Maribel Peinado darían fin a un gobierno municipal acabado y sin ideas. Los ciudadanos votaron y confirmaron la necesidad del cambio político. Pero un pacto hecho a espaldas de los ciudadanos y que todavía no han explicado ninguno de los firmantes, ha permitido que José Antonio Barroso siga ocupando un sillón, el de la alcaldía puertorrealeña para el que no tiene ni ilusión, ni capacidad para seguir gobernando esta ciudad. El Partido Socialista ha vuelto a dejar tirado a sus votantes de Puerto Real y ha traicionado la esperanza del cambio en Puerto Real.